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El Nacimiento de Jesús: Dos Relatos Evangélicos

Lectura de Lucas 1:57 - 2:40

57 Cuando le llegó a Isabel su día, dio a luz un hijo, 58 y sus vecinos y parientes se alegraron con ella al enterarse de la misericordia tan grande que el Señor le había mostrado.

 

59 Al octavo día vinieron para cumplir con el niño el rito de la circuncisión, 60 y querían ponerle por nombre Zacarías, por llamarse así su padre. Pero la madre dijo: «No, se llamará Juan.» 61 Los otros dijeron: «Pero si no hay nadie en tu familia que se llame así.» 62 Preguntaron por señas al padre cómo quería que lo llamasen. 63 Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es Juan», por lo que todos se quedaron extrañados. 64 En ese mismo instante se le soltó la lengua y comenzó a alabar a Dios.65 Un santo temor se apoderó del vecindario, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región montañosa de Judea. 66 La gente que lo oía quedaba pensativa y decía: «¿Qué va a ser este niño?» Porque comprendían que la mano del Señor estaba con él. 67 Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, empezó a recitar estos versos proféticos:

 

68 Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

69 Ahora sale triunfante nuestra salvación

en la casa de David, su siervo,

70 como lo había dicho desde tiempos antiguos

por boca de sus santos profetas:

71 que nos salvaría de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

72 que nos mostraría el amor que tiene a nuestros padres

y cómo recuerda su santa alianza.

73 Pues juró a nuestro padre Abraham

74 que nos libraría de nuestros enemigos

para que lo sirvamos sin temor, 75 justos y santos,

todos los días de nuestra vida.

76 Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo

porque irás delante del Señor para prepararle sus caminos,

77 para decir a su pueblo lo que será su salvación.

Pues van a recibir el perdón de sus pecados,

78 obra de la misericordia de nuestro Dios,

cuando venga de lo alto para visitarnos

cual sol naciente,

79 iluminando a los que viven en tinieblas,

sentados en la sombra de la muerte,

y guiar nuestros pasos por un sendero de paz.

 

80 A medida que el niño iba creciendo, le vino la fuerza del Espíritu. Vivió en lugares apartados hasta el día en que se manifestó a Israel.

 

Lucas 2

1 Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. 2 Éste fue llamado “el primer censo”, siendo Quirino gobernador de Siria. 3 Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. 4 José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; 5 allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. 6 Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.

 

8 En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. 9 Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. 10 Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo: 11 hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. 12 Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13 De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: 14 «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia.»

 

15 Después que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer.» 16 Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. 17 Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. 18 Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. 19 María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. 20 Después los pastores regresaron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado.

 

21 Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre quedara embarazada.

 

22 Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. 24 También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones.

 

25 Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. 27 El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:

 

29 Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz, como le has dicho.

30 Porque mis ojos han visto a tu salvador,

31 que has preparado y ofreces a todos los pueblos,

32 luz que se revelará a las naciones

y gloria de tu pueblo, Israel.

 

33 Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel caída o resurrección. Será una señal de contradicción, 35 mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres.»

 

36 Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Casada cuando joven, había quedado viuda después de siete años; 37 hacía ya ochenta y cuatro años que servía a Dios día y noche con ayunos y oraciones y no se apartaba del Templo.

38 Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios, hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

 

39 Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él. 


 

Texto tomado de La Biblia Latinoamericana, publicada por la Sociedad Bíblica Católica Internacional (SOBICAIN). Usado con permiso.