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El Nacimiento de Jesús: Dos Relatos Evangélicos

Nacimientos y nombres

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Transcript

El segundo par de escenas paralelas en el relato según Lucas nos presenta los nacimientos de Jesús y el Bautista al igual que la manera en que reciben sus nombres. La señal que Zacarías recibió —no poder hablar hasta el nacimiento de Juan— llega a su final. Con el nacimiento del niño, Zacarías proclama el segundo cántico en Lucas, el Benedictus. Aunque Zacarías proclama este cántico de alabanza a Dios en el contexto del nacimiento de su hijo Juan, sus palabras se refieren casi por completo a Jesús. La única excepción es Lc 1:76-77, la cual pone a Juan delante de Jesús “para prepararle sus caminos”. El hecho interesante de que este cántico sobre Jesús esté escrito en tiempo gramatical pasado (aun cuando el nacimiento de Jesús todavía no se ha narrado) se puede entender al pensar en sus autores como judíos en la Iglesia primitiva. Ellos vieron su fe en Jesús después de la resurrección como el cumplimiento de las promesas de Dios a Israel en las Escrituras.

 

En el Benedictus Zacarías primero habla de Jesús en términos davídicos como aquel que rescata a Israel de las naciones Gentiles. Luego se refiere a Jesús en términos Abrahámicos como aquel que trae la bendición de paz a las naciones. Por consiguiente, el Benedictus expresa una cristología judía temprana y la convicción de Lucas de que Jesús es quien trae la paz entre Israel y las naciones Gentiles. A medida que el relato avanza hacia el nacimiento de Jesús, Belén es descrita como “la ciudad de David”, a pesar de que en el resto de la Biblia ese título sólo se usa para referirse a Jerusalén. Lucas es posiblemente influenciado por el capítulo 5 de Miqueas, el cual espera el nacimiento de un rey pastor como David. Lucas hace referencia a “pañales” dos veces, el niño acostado en un pesebre cuatro veces, y presenta a los pastores como los primeros en recibir la noticia del nacimiento. El Jesús de Lucas claramente ha de ser encontrado entre los más humildes de Israel.

 

La señal de un niño en un “pesebre” evoca el pasaje de Isaías 1:3: “El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor; pero Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”. Lucas introduce aquí uno de los temas que más se repite en su Evangelio. El evangelista se pregunta si Israel entenderá el pesebre del Señor presente ahora. Interpela si Israel comprenderá que Jesús es el cumplimiento de las promesas bíblicas de Dios. Es bien interesante observar que la proclamación del nacimiento de Jesús por parte de los ángeles es en realidad una imitación de los tributos monumentales que se hacían para el cumpleaños de César Augusto, el arquitecto de la paz romana. Lucas indica de esta manera sutil que el verdadero arquitecto de la paz para el mundo no es el emperador. Es el niño en el pesebre. María guarda todas estas cosas en su corazón. Una vez más, como lo dirá el Evangelio más adelante, ella es vista como la discípula que “recibe la palabra con un corazón noble y generoso”. Lucas concluye la escena del nacimiento observando que la circuncisión de Jesús ocurre en el octavo día. Esto reitera su énfasis en que Jesús y su familia son judíos piadosos observadores de la Torá, y que la Iglesia está en continuidad con el pueblo y las tradiciones de Israel.