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La panlingua hipertextual de XUL digital

Por Susana Romano Sued, Universidad Nacional de Córdoba/Conicet

image Tomar una o varias revistas literarias, de poesía, como objeto de ensayo, es una práctica que tiene larga tradición en la Argentina, lo cual ha contribuido a producir un consistente acervo y un extenso catálogo que alimenta la historiografía y la bibliografía literarias. Desde las épocas del soporte papel hasta la actualidad, los modos tradicionales del trato con la letra impresa, el cuerpo, los sentidos, la postura, implicados en la lectura, se han ido transformando, superponiéndose, hasta llegar, hoy, a una convivencia cuanto menos extraña. Puesto que estamos en una época en que las experiencias y las maneras de incorporarlas han mutado, generando estilos diferentes, miradas y subjetividades diversas.

Es decir que la lectura y la escritura han cambiado radicalmente de estatuto en todas las dimensiones implicadas en dichas prácticas. XUL digital constituye un ejemplo de ello.[1]

Entre las múltiples características que suelen describirse y analizarse de las publicaciones periódicas, se cuentan sus formatos, sus paratextualidades, sus contenidos, los lineamientos de su página editorial que permitirían una atribución ideológica y política, así como sus inscripciones estéticas. En el caso de reunir en sus páginas a un grupo con una propuesta explícita poética, cultural, social, se la suele nombrar el órgano de un movimiento, con manifiestos incluidos. De estos aspectos se han ocupado ya varios investigadores que han contribuido al proyecto, por ejemplo The Xul Reader [2]que acompaña a XUL digital.

XUL ha transitado un extenso e intenso camino, lo cual se corrobora tanto en los comentarios  aparecidos en diversas publicaciones (incluido, por cierto el Reader). cuanto en las producciones continuadas de sus hacedores. Es decir que hay, a lo largo de las dos últimas décadas una presencia insistente de XUL y sus principales referentes[3] en el polemos, -- a veces un poco ruidoso, a veces estridente, a veces casi inaudible, frecuentemente inferible de la inteligencia de los textos poéticos y ensayísticos de sus páginas--, en torno de la poesía, de su existencia y/o inexistencia.[4]

Es decir que XUL es parte ineludible del debate necesario sobre la poesía, lo poético, los artefactos, y lo que Tzvetan Todorov llamaría lo funcional, o lo que en las actuales sociosemióticas se designaría como discurso social: el estado de discurso en el que se despliegan las voces que se sitúan en el carácter de asumir y enunciar, oficiales y marginales, visibles y ocultas, legitimadas y sin legitimar. Es por eso que XUL pertenece a nuestra historia literaria, de cuya tradición forma parte y es hacedora.

Y, dada la vigencia de estos rasgos de pertinencia para una publicación periódica, me permito transcribir una larga cita, sobre las revistas literarias, que guarda una asombrosa actualidad, y que viene aquí totalmente al caso: “…una antología [….] de declaraciones de propósitos de las revistas literarias argentinas, puede ser un intento de útil contribución a la historia de las letras nacionales, en todo cuanto aquello que fue (y es) materia vital, palpitante –en agraz o madura.—del quehacer literario. En rigor de verdad, se trata de rescatar con perspectiva de pasado y prudente atención de presente, esa muerte y resurrecta y mutante energía de la aventura intelectual en su original impulso. [….] por eso optamos por ofrecer al lector materiales ínsitos en nuestra historia literaria en lo que tienen de motivación creadora, de generosa insurgencia, honesta pasión por el oficio de todos. Dichos materiales ya son hoy documentos y se encuentran dispersos en las páginas que alguna vez los recogieron. Esa vertiginosidad del tiempo que huye –que entrre otras, parece ser su cualidad más angustiante- impide a veces mantenerlos en una cierta actualidad del recuerdo.

Un manifiesto generacional, la agresiva crítica de un libro, la furia iconoclasta de grupos juveniles, un texto casi inédito y olvidado, pueden ser hoy materia muerta o letra viva (no pocas veces refutados o negados después por sus propios autores); pero basta solamente una morosa atención para descubrir en esas fragmentarias posturas, los diversos hitos que el inevitable nexo histórico les confiere. Para el lector curioso de hoy, que desea conocer esa imagen en su pulso vivo, articulamos esta breve antología de manifiestos, textos cartas, encuestas, entrevistas, documentos, todos ellos que bajo su aparente preteridad guardan lo que siempre posee de recuperable la actitud creadora del hombre: intensidad de días vividos, pasión al fin.

Las revistas literarias son la consecuencia y en ocasiones factor precipitante, de estremecimientos culturales que muchas veces orientan el curso de la historia literaria. Con mayor o menor fortuna hemos procurado relacionar la revista con su época. Eligiendo en tan agobiadora frondosidad aquellas hojas que aun conservan la perennidad de la materia viva, y que, al leerse hoy, evocan un pasado en donde está el germen de nuestra cultura, costumbres, venturas y desencuentros actuales. Imagen y reflejos de esos papeles literarios[5].

Fantaseando con libertad, bien podríamos asociar este prólogo de las Revistas Literarias Argentinas con el Proyecto XUL del Boston College, atribuirle la precursoriedad. Por qué no, siendo, como es, la postura de sus creadores de papel y digitales, explícitos desestabilizadores de la canonicidad historicista, propulsores de la apropiación creativa de las tradiciones. Bien, entonces: resulta claro que en la cita se aprecian todos los elementos que una mirada atenta puede sacar a luz de la revista XUL, legendaria y emblemática, expandida ahora gracias a su digitalización, que, como sabemos, es un aspecto nada trivial para el análisis, puesto que se condice con la mentada metamorfosis radical de la cultura y la subjetividad, debido al impacto de consecuencias irreversibles que ha provocado la revolución informática.

De estos temas se ha hablado y escrito mucho. Se ha acumulado una cantidad enorme de información, de teorías, de categorías. Sin embargo vale la pena volver sobre ello en particular en un par de aspectos que me resultan necesarios para el presente abordaje. Volveré sobre esto más adelante.

Ernesto Livon-Grosman, con la participación y asesoramiento del fundador de la revista Jorge Santiago Perednik, y con el equipo del Boston College, llevaron adelante este proyecto, la digitalización de XUL, un sitio hipertextual de innumerables variaciones y expansiones. Esto es sencillo de verificarse, visitando y navegando las páginas……

La invitación que me cursara tan hospitalariamente Ernesto Livon-Grosman para participar de 5+5, y que deseo agradecer especialmente, me llevó de inmediato a reconectarme con XUL, obviamente, navegando por la red. Dado que en su tiempo, el de la revista originaria, la de papel, fui lectora de la misma; y, luego de que hubieran pasado por mis manos varios de los restantes ejemplares, desafortunadamente conservo sólo un número, el diez. Estudiosa de la “othra” poesía[6], he compartido sus contribuciones, primeramente durante mis años de exilio en Alemania, pues gracias a la generosidad de amigos argentinos, fui recibiendo algunos de los números de XUL, lo que me mantenía enlazada a la poesía: esa otra, que abría una brecha en la opacidad, y una esperanza de retorno, para mí, y para tantos otros en mi situación. Luego, en mi tarea de catedrática e investigadora, allá, y posteriormente de regreso en mi país, incorporando sus materiales en calidad de bibliografía curricular en seminarios de estética y poética, en mi universidad y en otras universidades nacionales e internacionales.

En ese sentido la digitalización de XUL materializa la expectativa y la intención que animó a sus hacedores de instalar el debate sobre la poesía arrancándola de su molicie, de la comodidad tranquilizadora del no pensar. La poesía, hay que pensarla. El lenguaje, hay que pensarlo; esto demanda un esfuerzo, un trabajo, con la materia significante. Y todo lo del mundo constituye materia significante para la literatura. El trabajo del poema requiere pasión y razón, tanto de parte del poeta como del lector, términos metonímicos y a la vez plurales. Este “programa” fue y es un leit motiv de la revista, de los poetas que publicaban en ella, desafiando las instituciones, tanto las políticas –dictatoriales- cuanto las de la república de las letras.

Señalo que por cierto muchos de mis coetáneos, -o mejor, mis contemporáneos, para emplear un concepto que recupera de manera muy pertinente Jorge Santiago Perednik[7] leyeron XUL de papel, que otros la leyeron y la bajaron, que otros no la leyeron nunca, que otros la leyeron sin bajarla.[8]

Ernesto Livon-Grosman y el formidable equipo constituido en Boston, la leyeron, la escanearon, la subieron, tras crear un programa de software, complejo, acorde con el diseño de un proyecto de accesibilidad que de golpe colocó a XUL en estado de disponibilidad. Un acto de incalculables consecuencias, estéticas y éticas, dignas de celebrarse.

Precisamente en medio del consenso de silencio impuesto por la dictadura, momentos iniciales de fundación de la revista, era una voz de alto volumen que se alzaba, y se hacía oír contra los supuestos de “existencia o inexistencia de la poesía argentina”. Y hoy, en una actualidad que promueve el exceso de la estridencia, de la visibilidad, el goce de los cuerpos en toda clase de escenas y escenografías, abordar la publicación XUL entiendo que debería ser un momento de detención, de pausa, en la espesa selva de lo real, según lo expresara en términos de vaticinios Alberto Girri.

Al navegar por las páginas de XUL constato que hay ciertos lineamientos que se mantienen constantes a lo largo de sus textos y de los sucesivos números La petición de principio de la publicación, sin ser un manifiesto en sentido convencional, hacía la fuerte apuesta de instalar el debate sobre la poesía en general y sobre la poesía argentina y latinoamericana en particular, sacudiendo el sopor de las prácticas asentadas en el horizonte literario de la época. Dicho programa exigía el recurso a la crítica, a los valores poéticos velados, censurados u ocultos, de manera expresa o implícita. Como se puede apreciar introduciéndose en el proyecto, recorriendo sus páginas, la hospitalidad de la revista alojó voces diversas, poéticas y metapoéticas, capitalinas y provincianas, locales y extranjeras, del momento y de otros momentos, reunidas en esa contemporaneidad tan subrayada por Perednik: “Hay la posibilidad […] que consiste enconsiderar que todo poema, cualquiera sea la fecha en que fue generado o dado a conocer es contemporáneo”[9]. Y en verdad que en sus doce números XUL tornó contemporánea no sólo la poesía independientemente de su propia efemérides, sino también la discusión teórica, ética y estética, que en voz baja o sutil se protagonizaba en torno del poema, del poeta, del lector, de lo real, de la traducción, de la cultura, torciendo un camino derecho impuesto al pensamiento. La discusión, nada confortable, en torno de las instituciones literarias establecidas, pusieron en cuestión cómodas nociones congeladas como la de vanguardia, canon, escritura, lenguaje, poesía, u otras, que en ese entonces, y actualmente en muchos casos, sirven para facilitar la nombrada molicie del pensamiento. Establecer con claridad la distinción entre “vanguardia” y “signo viejo y nuevo” constituye, además de una clara posición política, una contribución relevante al pensar sobre el arte y la literatura en la Argentina y en América Latina, en tanto XUL reclamó desde el primer número y explícitamente en su lema, una inscripción histórica, abiertamente enfrentada con un historicismo que concibe las producciones artísticas como un camino progresivo en el cual la obra última sería un perfeccionamiento de la anterior, y así retrogresivamente.

La propuesta paradójica de Borges enunciada en su ensayo sobre Kafka y los precursores, fue asumida por XUL de manera programática, y consta en los enunciados de Perednik, que vuelvo a retomar:

“El lema ´Signo viejo y nuevo´ habla de una manera de ver el signo que puede hacerse extensivo al poema y a la literatura, considerándolos viejos y nuevos a la vez, suponer que en literatura lo nuevo es siempre viejo y lo viejo puede ser siempre nuevo; postular que no hay novedades y por otro lado no puede dejar de haber renovaciones. Inevitablemente todo fue hecho ya, e invevitablemente todo vuelve a hacerse –y es otra cosa.”[10]

En estos dichos entiendo que se trata de la discusión –y de la diferencia- entre principio y comienzo, proponiéndose la noción de comienzo, lo que habilita siempre en un punto, una y otra vez, recomenzar, según lo postulara Walter Benjamin.

Y el compromiso con la inscripción histórica, en una tradición, recuperada y renovada, tiene el valor agregado de que se erigía en medio de una destitución genocida de la historia y de la memoria-, según el programa de terror instaurado por la dictadura militar de imborrables efectos en los argentinos- para imponer un pensamiento único, lineal, expulsor de la inteligencia y la diversidad.

Los años noventa, tanto en nuestro país como en el resto del planeta, consagraron, junto con los indultos a los genocidas del terrorismo de estado, un espíritu deshistorizador, que en la Argentina vino de la mano de todo tipo de discursos “post”, rápidamente adoptados por académicos, intelectuales y políticos. A mi juicio, este tipo de discurso contribuyó a la desincripción histórica, al silenciamiento de tradiciones, instaurando la liviandad consumista de un presente perpetuo, “postpolítico”. Ya se ha visto sobradamente el efecto catastrófico de tales designios, disfrazados de multiculturalismo, camouflage de una homogeneización fundada en exterminios y exclusiones. La panlingua que proponía Xul Solar, ese tal Señor Shultz[11], bajo cuya invocación se creó la revista, es justamente lo opuesto al pensamiento único, cómodo, y vanguardista de los cánones oficiales, y así se comportó la publicación a lo largo de sus doce números: “Honremos a los raros nuevos rebeldes, que, como este artista [Petorutti], antes de negar a otros, se afirman ellos mismos; que en vez de destruir, construyen. Honremos a los que pugnan para que el alma de la patria sea más bella. Porque no se terminaron aún para nuestra América, las guerras de la Independencia”[12].

Puesto que XUL , partiendo de la concepción de una ética de la escritura, decididamente opuesta a una moral de la norma historiográfica, inauguró en medio de la tiniebla dictatorial que hegemonizaba las instituciones y las ideas, un espacio de destellos, un relámpago en un instante de peligro –otra vez Walter Benjamin me acompaña en este enunciado. Una iluminación, muy materialista y significante, que se inscribió entonces, y que se actualiza ahora, señalando vindicativamente una tradición.[13]

XUL, anagrama de Lux, XUL, mes del calendario maya que significa fin de una era y comienzo de otra, XUL, heterónimo encarnado del Sr. Schultz, XUL, grafía torcida de los números romanos para indicar un siglo, XUL: Schul o Schule como se diría escuela en Yiddisch, una lengua hecha de muchas lenguas, una panlingua acaso; escuela: Beit a Sefer (casa del libro en Hebreo), en donde se aprendía y se enseñaba, en los sentidos más nobles que esos vocablos tienen, los poetas forcejeando con los saberes, y los supuestos. Y el enigma de la X, presente en tantas eXpresiones (en esta misma, por caso). Sobre todo en la experiencia, de signo diverso, de hacer lugar al coraje, y tener que vérselas con el poema, en ese borde de lo real, que convoca y expulsa al mismo tiempo, al poeta y al cocreador del poema, el lector. Y que efectivamente puestos al asedio de la forma significante sortearon y sortean la censuras impuestas por los aparatos represivos, insistiendo en las las autodefiniciones metapoéticas desplegadas de las creaciones, así como en sus conexiones con disciplinas teóricas recuperadas en las citas y en las “encuestas” realizadas a referentes consagrados de la crítica.

Cito de nuevo a Perednik:

“La revista Xul existió para iluminar una zona del escenario que estaba allí pero que no se podía ver; fue en ese aspecto una LUX, como dice su nombre leído al revés. Publicó un poética que en ese momento escandalizaba y nadie se atrevía a publicar, y a autores desconocidos que poco después serían considerados los protagonistas de su época. Confió en que la voz más interesante y potente en poesía es la que habla operando, cooperando y siendo operada desde, con, para, sobre y por el lenguaje. Descubrió a la literatura de su país un universo diferente al usual, esto es, de alguna manera lo inventó. Para encarnar un tiempo y un espacio de la poesía argentina, le bastó un recurso simple: fabricar un espacio y a partir de él, dar lugar a una parte de la poesía que no tenía lugar[14].”

Estos dichos, pronunciados un cuarto de siglo después de la fundación de la revista, son sin dudas un acto preformativo: a la vez que enuncia, da existencia, hace lugar. Como el poeta Simónides que estableció identidades de difuntos a partir de la localización del lugar de los muertos cuando los sorprendió el derrumbe, y dijo a los deudos. “He aquí, éstos son”. Es decir que testimonian de una ética, que animó programáticamente la publicación y que sigue animando a sus protagonistas. La vigencia de esta postura, indiscutida, está ahora al alcance de este mundo, por la vía del hipertexto[15] XUL digital. Con esta tecnología se da la posibilidad extraordinaria de acceso a la revista, y a las derivaciones múltiples que con la “máquina hipertextual” se abren hacia un aparente infinito, el infinito y la imaginería de la completud que nos brindaría la tecnología, celebrada integración y denostada Apocalipsis.

Deleuze decía que “un agenciamiento nunca es tecnológico, sino que es precisamente lo contrario. Las herramientas presuponen siempre una máquina, y la máquina antes de ser técnica, siempre es una máquina social. Siempre hay una máquina social que selecciona o asigna los elementos técnicos empleados. Una herramienta seguirá siendo marginal o poco empleada mientras no exista la máquina social o el agenciamiento colectivo capaz de incluirla en su “phylum” [16].”

Ahora bien, la poesía, así la entiendo y creo que en ello coincidimos con el ideario de XUL, y sus explícitas torceduras, ha de verse como una máquina malograda que no progresa. Una paradoja, por cierto, dado el lema xuliano de signo viejo y nuevo, un oximoron que no es sino lo que habita en el lenguaje, puesto de relieve por la poesía. Y de este modo es que se sostiene la ética del decir, destituyendo las nociones idealistas de un arte puro, no construido, inspirado, que lo ven como un lugar salvífico frente a la contaminación de los instrumentos (de cáculo, de máquina) que invaden técnicamente la vida . Nociones, en fin, de una raigambre reaccionaria. Adorno daba buena cuenta de esta paradoja: en su Teoría Estética situando la obra de arte en el terreno de lo enigmático por esa misma razón, ya que subrayaba el hecho de que los materiales, las formas históricas, se hallan inscriptas en las obras, en nuestro caso en el lenguaje, -social-, como práctica artística. Dialéctica, en fin, entre la necesidad de trabajo con los materiales ( incluida la incorporación de las técnicas puestas a punto por las irrupciones tecnológicas)[17], lo que pone en crispada tensión el arrastrar el legado de las contradicciones sociales con el desafío que la obra asume de trascenderse a sí misma más allá de dichos materiales: precisamente lo que conforma en realidad su dimensión de autonomía, por oposición a la industria cultural que imponía –e impone- la fuerte tendencia a la heteronomía. Se trata de lo que hoy llamamos mercado y que parecería eternizarse al internetizarse, homegeneizarse tal vez, en un movimiento de dirección contraria a las propuestas mallarmeanas que impulsaban, azuzaban a la palabra poética a romper con la horizontalidad libresca, salirse de su tumba para auscultar y visualizar otros códigos y lenguajes, integrando e integrándose a su eXcentricidad. Otra vez la X, para una perspectiva poética. Una X enigmática, iluminadora de un sendero poblado de instrumentos e instrumentalidades, pero que invita a la detención. Desafía a volver evidente lo obvio, descifrar la falta, necesaria y contingente. El intervalo, como el del nro. 8, cifra y volumen ausente de XUL digital, vacío imprescindible, acaso recostado en la cifra clave, el 52, año de nacimiento de Perednik, y habitual numero de páginas de unos cuantos volúmenes de XUL.

Creo entonces haber aclarado hasta aquí el sentido del título que dí a este ensayo, panlingua ( hipertextual), expresión tomada de Xul Solar; y además, al insertar una invitación a los lectores, marineros del éter, horadando la molicie instrumental, buscando, y manteniendo vivo el horizonte histórico, a la espera del 8, que acostado es el infinito, y el vacío, por cuyos bordes senderea la poesía.


[1] La empresa del proyecto XUL digital, y mi incursión en ella como lectora y crítica, sólo puede mimetizarse de una experiencia que, al modo de cómo se realizan en el mundo empírico de la ciencia, procede por ensayo y error, que es el modo como mi generación, y aun otras más retoñas hemos ido abandonando aunque no del todo el estado de analfabetismo tecnológico. Véase más adelante nota 3.

[2] Reader publicado originalmente por ROOF Books, cfr. http://www.bc.edu/research/xul/background/espanol.htm

[3] Invito a recorrer XUL digital número por número para reencontrar allí los nombres, diversos y numerosos, de quienes hicieron y sostuvieron la revista.

[4] Un hecho cuanto menos notable es la extendida polémica entre XUL y ULTIMO REINO, de una constancia asombrosa a lo largo de estos años, sea que se registre de manera explicita, sea que quede evidente por los enunciados de sus principales referentes en páginas de una misma publicación, etc. Lo cual no opaca el asombro que produce la generosidad xuliana al haber alojado expresiones de poéticas opuestas, contrarias, diversas, que coexistían –y coexisten- en el horizonte literario.

[5] Lafleur, H.R./Provenzano, S.D., Las Revistas Literarias. Selección de artículos, publicación que acompañaba al fascículo 56 de Capítulo, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968: págs, 5-9 y passim

[6] “La othra poesía”, en revista En marcha, Año V, Nº 27, agosto, 2002,La Plata.

[7] [7] Jorge Santiago Perednik, “Xul, Signo Viejo y Nuevo”, en Patagonia/Poesía, La Yema del cráneo y el Ojo, Año 9, Nro. 16, 2da. Época, Diciembre 2006

[8]En mi caso personal, ingresé al proyecto Xul digital, navegué, y finalmente bajé número por número, a papel, lo cual constituye todo un dato acerca de mi edad y de mi formación lecturaria basada en el libro tradicional. Un híbrido difícil de retranscribir al 01010101 del mundo digital, del hipertexto, objeto o espécimen sobre el que me enseñara a balbucear y alfabetizarme hace tiempo Maria Ledesma, pero se ve que no lo suficiente como para prescindir de la lectura y el tacto sobre el papel.

[9] Jorge Santiago Perednik, op.cit, pag. 9

[10] Jorge Santiago Perednik, op.cit

[11] Alejandro Shultz Solari , Buenos Aires, (1887-1963). Desde 1916 comienza a firmar como Xul Solar. Compartió la vanguardia en la revista Martín Fierro. Desde la década del ´30 se dedica a a sus estudios de astrología, esoterismo y lenguas. Artista múltiple, reconocido y redescubierto por los expertos más canónicos y tomado como maestro por los más auténticos poetas, ilumina con su obra los caminos del arte y la literatura, de aquí, y de todas partes.

[12] Del Prólogo de Xul Solar Pan Lengua, por Rafael Cipollini, edición Mate, Buenos Aires, 2005, pag. 9

[13] Y si se me dispensa insistir en esto, precisamente es lo que subraya el valor, temerario y subversivo de la revista desde su mismo origen, al reivindicar tradiciones obturadas y censuradas por la misma maquinaria del terror que quería imponer lo que supuestamente era la tradición patria.

[14] Jorge Santiago Perednik, op. cit., pag.11, (énfasis míos).

[15]Los sistemas hipertextuales están basados en un enfoque en cual el usuario tiene la posibilidad de crear, agregar, enlazar y compartir información de fuentes diversas. Habilitan la posibilidad de acceder a documentos de manera no secuencial, y se distinguen de sistemas de información más tradicionales en los cuales el acceso es naturalmente secuencial. Esta flexibilidad de acceso genera las nociones de navegación, personalización de presentaciones y anotaciones. A diferencia de los libros impresos, en los cuales la lectura se realiza en forma secuencial desde el principio hasta el final, en un ambiente hipermedial la "lectura" puede realizarse en forma no lineal, y los usuarios no están obligados a seguir una secuencia establecida, sino que pueden moverse a través de la información y hojear intuitivamente los contenidos por asociación, siguiendo sus intereses en búsqueda de un término o concepto. En la figura, a continuación, se representan el estilo secuencial, el estilo jerárquico, el estilo reticulado y el hipermedio.(Debo estos conocimientos a María Ledesma).

[16] Gilles Deleuze y Claire Parnet, Diálogos. Valencia, Pre-textos, 1977, p. 80.

[17] Theodor Adorno, Teoria Estética, Hyspamérica, Buenos Aires 1984, pag.137