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XUL

por Roberto Cignoni

imageEl imposible ejercido públicamente, allí donde la palabra, elocuencia del velo en su trasponer sonoro, se acentúa hasta no reconocerse el oro de alguna noción; libre por ello de consenso y de la primacía de sus plazos, XUL, para conjuntarse toda ella en el apogeo que no busca responder, fiel al advenir de lo que jamás oculta o aclara. Lo que no cesa de asistirse en hallazgos, que al arranque emotivo concurren con timbres inusitados de Razón, y a las fracciones de conciencia con un lejano vibratorio, para incluso, o hasta por sobre todo, desaparecer en la Compresión que la vastedad arranca tanto al juicio como al influjo susceptible. Desconcertada paginación que la vuelve coleccionable por lo que de fisura alienta como consecuencia, número por número e inesperadamente como continuidad, haciendo que lo incomparable se prodigue y arrecie como temple. La lengua toda, estatuyéndose como singularidad que brilla en el soplo extinguible, volviéndose por toda evolución un salto, la abraza por el hecho de no haberla adivinado hasta su aparición; y la poesía, alumbrada en este esfuerzo por su turno eternamente primitivo, la emana como una inquietud en su calor de desmesura. A esta laminación no deja de concederse, aunque a nadie personalmente convenga, si, colisionado por inexistencias, el hacedor, demoradamente autor o lector, se promueve en la extrema y tal vez única aventura de desolarse a sí, orgía y alivio de la palabra actuante. De este modo se impone, alocución en una patria deshabitada, el poder sin funcionarios ni imperio, como efectivamente acordándose en el acto cuyo motivo, aun divinidad o firmamento, no compromete su estatura.

Sin tener que ascender a Dios o desplomarse a hombre, el asentamiento es precioso en su inocencia y magno por su completud; devolviéndose a sí, se descubre en su otredad como nota de infinito. De aquí que la ideología, entrenadora del labio probatorio en los afectados por algún control, no pueda persistir ni siquiera como medida del sobresalto. Éste se entrega magnífico y desnudo, sin dejar que desfallezcan sus despidos, ni que amenace, por rastros, el molde de una peculiaridad ceremoniosamente contratada. Lábil en modularse a un antojo justo, XUL se vuelve tácita en la profusión de misterio, celebración que no la encuentra como sustancia o naturaleza, ella misma el descuento enérgico de cualquier apropiación por un tinglado familiar. – Seminalmente, en poema o ensayo, como blancura de una desilusión que salda el efecto prometedor de la Lengua, la cual no dispone ya sino de rasgos definitivos en cada vértice de inconcluso. Imaginativamente, en crítica o lirismo, como fulgor de una ausencia que insiste en circular por los mundos diversos, hacia una totalidad que triunfase o se confiriese por un afuera intratable. – Las escuelas y los ismos, descartándose en probidad, no hallan entre estos meteoros más que un cielo agujereado que rehúsa las coronaciones virtuales, tendencias, sino ritos, ignoradas por una imagen fusible y exacta, que no despoja su orgullo para remitirse a otra nota.

La plenitud nativa alude aquí, impropiamente, a sí; por ella se compone XUL y no al contrario, bastándose en contraer su cualidad para que el hormigueo movilizador despunte inconcebible y por doquier. La literatura se vuelve ágil a través de su suspensión, encanta hacia aquí y allá si, en cuanto y sobre su espacio espiritual, sólo se inscribe la nada, o – relámpago absoluto – sueño que no enlaza con alguna autenticidad por la cual constreñir párrafo y existencia. La decisión, se hace posible figurar, empuja desde un blanco sobre el que ninguna página puede cerrarse, interpelado por objetos y voces que reciben como licencia, abolida toda confirmación, la arquitectura del hecho maravilloso. A esta presentación de la alegría se descompone el Tiempo, fatuo concurso para una loa permanente, que permitiría adecuar, por un prejuicio de su arraigo, el nombre del Origen y su lectura propuesta.

La idea, fatalmente lanzada a la dispersión sobre el claro de la página, se despide, sin que nadie sepa, del multiplicador estallido, el alcance de alguna esquirla de verdad; en el arrojo, las constelaciones, esbozadas o interrumpidas, prosiguen la canción en blanco sobre negro, como la palabra que, invaginándose sobre el papel, descubriese en su interior el misterio luminoso. El gesto de XUL, meditante así en la quietud de un resultado nulo, requiere ya como único inventario la ausencia de crónica y de historia, para que el noble repercutir que el texto se da a sí mismo descubra el espectáculo sin circunstancia ni testigos. La transfiguración en alguna Certeza, como alineación de los pretenciosos y su día en temor, habrá de incorporar el espectro del hombre, quien, no dándose pausa, sacrifica el vacío a su pobre resurrección. Pero, en el despeje de esta monotonía, la visión de desatinar del lenguaje y su ración en poemas, asistirá, en ruptura de enigma, el alumbre sedentario, ocupación de crear que sostiene el artificio del mundo y su aludir en nada. Querrá, el gusto adivinatorio, ofrecerse en desviaciones próximas, volviendo delicada la angustia de no acogerse a destino; sabrá, el trazo conforme a fantasma, abrazar la Acción en el trance de su desvanecimiento, volviéndola proeza por ningún histrionismo. Entre esto y aquello, la llama noble que, si hasta allí hiciese todo, entrenará como cualidad el templar un cristal para que otro cristal se refleje, solución de transparencias que desconoce la intriga por una Realidad. Sin alarmarnos ahora, ni cuidarnos, pues el desamparo enluta, con igual decencia, lo que quisiese arraigar en Azar o lo que deseara constituirse en Sistema.

Lo impensable, que el nombre XUL repone en la crisis, se dice siempre en derredor y por entredichos que ayudan al silencio; cuando se está en él, a un milagro armónico de los ritmos discordantes, sólo habla la Sabiduría por dignidad fluyente; espesores de crítica y titulaciones doradas, aunque señalen la fuente inaudita, no hacen más que indisponer su luz. La inspiración, que paga en cualquier caso con la omisión de lo inspirador, despide en XUL a una página de época; labra en la desazón, esta vez cima, a sus juegos circunvoluntorios de motivación y registro; ofrece, si aun asunción viril, el lugar que se logra completo en la exhalación de su presente: lo que se creería sucede afuera, sobre algún limo societario, no es más que su realización en proporción pura. El suspenso, a su vez, por el que el juego se equilibra entre indefinición y plenitud, ilumina por sonoridades la ficción del mundo surgente, voluntad, en cualquier caso, de una visión y de su límite radiante. XUL exalta el instinto de la nada por este gesto equívoco, que medita, desde la tiniebla relativa a todo lenguaje, la perfección de lo inconcebible y su inmunidad como Poesía. No resuelta según locura, cuida, por un trastorno impersonal, el hecho inexpresable y su concreción en estilo. Todo lo que el mundo y las cosas arrojan de esplendor persiste en lo inútil de obligarlos a descifrarse. También por conciencia de un destello, en un canto, un temblor, una revista.